viernes, 1 de mayo de 2026

Mujeres antes y después de la Guerra Civil española

 


Suelo compartir que es un error pensar que el esplendor científico, cultural, social y económico de los años 30 fuese resultado de la segunda República. Realmente sería al contrario: la República de 1931 sería el resultado de un proceso de “acumulación” científica, cultural, social y económica producida en nuestro país desde el final de la década ominosa, tras la muerte de Fernando VII en 1833. Es decir, que la edad de plata española fue el resultado de casi 100 años de “acumulación” cultura, científica y social, y que tuvo un abrupto y funesto final en la Guerra Civil, que retrotrajo a España a mediados de siglo XIX.

Pero esto no era algo nuevo. Pasó igualmente en el siglo XVIII. La llegada de los Borbones, provocó otro proceso, lento pero constante, en el crecimiento cultural, científico, social y económico de España (tras la decadencia del siglo XVII) que alcanzó su cenit a finales del siglo XVIII. Y otra “guerra civil”, la del absolutismo durante la década ominosa, tiró por la borda esa “acumulación” y hubo que empezar de nuevo, como si hubiésemos regresado a 1710.

En las derechas españolas, siempre reaccionarias, siempre católicas, hay una especie de gen regresivo que, cuando la sociedad española alcanza un desarrollo similar al contexto europeo, siente la necesidad perentoria de acabar con todo ello, y llevarnos de regreso al pasado.

Por ello es imposible analizar los logros alcanzados durante la segunda República si no tenemos en cuenta ese proceso de crecimiento sostenido, de “acumulación” que explota entre los años 20 y 30 del siglo XX, en todos los campos. Miguel de Unamuno, José Ortega y Gasset, Josep Trueta y Santiago Ramón y Cajal, pero también Clara Campoamor, María Zambrano y Margarita Xirgú (por poner algunos ejemplos) no se pueden explicar sin Benito Pérez Galdós, Julio Sanz del Río, Salvador Calderón e Isaac Peral, como tampoco sin Concepción de Arenal, la Baronesa Wilson y Emilia Pardo Bazán.

Ese proceso dinámico no suele ser tenido en cuenta en la mayoría de análisis que observo en artículos académicos y periodísticos, lo que, a mi entender, debilita la capacidad de análisis de la sociedad española de su propia historia. Y es que el progreso social, como todo proceso, requiere tiempo, esfuerzo colectivo y estabilidad social, y no viene determinado por liderazgos autoritarios o genios excepcionales.

En el campo del liderazgo femenino que observamos durante la segunda República es igualmente resultado de esa acumulación de varias generaciones de mujeres, y también de hombres, que durante el siglo XIX y el primer tercio del XX, contribuyeron a la toma de conciencia primero, y al liderazgo social después.

Hombres como Arsenio Durán, médico socialista y director de La Correspondencia de Alicante, quien publicó un artículo en 1903 en el que afirmaba “¡Día llegará un día en que la mujer rompiendo las ligaduras que oprimen sus miembros y dando a su inteligencia la ilustración que le negamos, escalará las alturas hoy inaccesibles para ellas! Como uno de tantos seres que forman filas en la procesión de la vida, gozarán de idénticos derechos y solo estará obligada a cumplir iguales deberes que el hombre.”

La abrupta y desgarradora ruptura propiciada por el régimen Nacional-Católico de las derechas y la Iglesia Católica, llevo a las mujeres a un retroceso más propio de mediados del sigo XIX que de la España de Alfonso XIII.

Recientemente he tomado conciencia de este cambio, analizando la historia de las propias mujeres de mi familia.

Mis abuelas, Rafaela e Isabel, eran hermanas. Junto con Carmen y María Luisa, eran hijas de Manuel del Pino Ponce, que se jubiló como segundo teniente de la reserva del cuerpo de Carabineros, y de María Díaz López, nieta de Ana Melibeo, proveniente de una dinastía de boticarios italianos en la provincia de Málaga.

Las cuatro hermanas nacieron a finales del siglo XIX en distintos pueblos de la provincia de Huelva, donde estuvo destinado mi bisabuelo Manuel del Pino, pero al jubilarse, se trasladaron a Málaga, donde crecieron entre 1907 y 1919.

Las cuatro hermanas se dedicaron a la costura, especializándose en sostenes, sombreros y fajas, trabajando para la calle, profesiones que mantuvieron incluso después de casarse. Así, abrieron en Ceuta un taller de costura en los años 20, y en los años 30 mi abuela Isabel abrió una tienda, “Modas de Madrid” en Écija, donde utilizaba patrones que traía de Madrid y París, y que tuvo que cerrar tras el asesinato de su marido, mi abuelo Justo Morterero, por estar afiliado a FETE-UGT y dar clases de adultos en la Casa del Pueblo de Écija. Además, mi tía abuela Carmen del Pino Díaz fue encargada de la Tintorería Inglesa de Málaga a finales de los años 10, con apenas 20 años, y con mujeres a su cargo.

Curiosamente las hijas de mis abuelas, nacidas entre 1923 y 1932, y que sufrieron la “re educación” del nacional-catolicismo del régimen franquista a partir de 1936 (todas ellas estuvieron en territorio controlado por los militares traidores de la segunda República a partir de julio de 1936) o no tuvieron una profesión, o en el caso de dos de mis tías que fueron dependientas, abandonaron su empleo al casarse o al tener que cuidar a su madre.

Y eso que mis tías Crisanta (Justita) y Carmen (Carmenchu) Morterero, aprobaron el examen para realizar el segundo ciclo del Bachillerato en junio de 1936, con la intención de mis abuelos que se matricularan en el curso 1936-1937, cosa que nunca pudo suceder.

Es decir, en una generación, franquismo mediante, se pasó de mujeres educadas para realizarse profesionalmente a mujeres educadas para encarnar el ideal del “ángel del hogar”, dedicadas, más o menos voluntariamente, al exclusivo cuidado del esposo y de los hijos.

¿Cual es el valor de este análisis “familiar”? Pues que elimina variables como la clase, la procedencia geográfica o la cultura, ya que se trata de miembros de una familia que más allá de los problemas económicos propios de la guerra y la posguerra, mantuvieron el mismo estatus social y cultural entre 1900 y 1960. Por lo tanto, las diferencias en el comportamiento no residió en factores propios sino externos.

Y la prueba de que el espíritu feminista y la aspiración de crecimiento personal permanecía, es que se retomó con las nietas: la mayoría de ellas licenciadas o diplomadas universitarias, y todas ellas con profesiones más allá del hogar.

La ebullición feminista durante la segunda República fue la culminación de un proceso histórico en el que participaban no sólo las élites sino el conjunto social, que fue violentamente interrumpido por la voluntad machista y patriarcal de la alianza de las derechas y la Iglesia Católica en ese engendro político denominado “nacional catolicismo”, pero que inevitablemente fue superado por las siguientes generaciones de mujeres.

La ilustración que acompaña este artículo es un anuncio publicado en 1917 por mi abuela Rafaela del Pino Díaz, con solo 19 años, en el diario algecireño “España Marruecos” como modista de fajas.

jueves, 24 de julio de 2025

Que la tierra te sea leve, querida Lala

Con los años llega uno a comprender que en la infancia vemos el mundo como algo inmutable de personas y paisajes que están ahí, como si hubieran estado desde el principio de los tiempos. Son las pérdidas que van alcanzándote las que te llevan a descubrir que ese mundo infantil era, en el mejor de los casos, un fugaz espejismo que la vida va arrebatándote.

Soy un hombre afortunado. El familiar más cercano fallecido, Manolo, lo hizo siendo yo un recién nacido, y tardé varias décadas en comprobar que la muerte también llegaba hasta mi sueño infantil, poblado de padres, hermanos, tíos y primos.

Nos arrebató, uno a uno, a los más mayores, a Paquita, a Miguel, a Enriqueta, a Isaac, a Benito, a Justita, a Emilio, a Carmenchu, a Clemente, a Manoli, a mi padre, pero también a algunos de nosotros, a Maricarmen, a Justo, incluso a la pequeña Cristina, que por derecho debía habernos sobrevivido.

Hoy has partido tú, Lala. Eras otra de esas personas que siempre estuviste allí, en el bosque Diplomático, en el Gorriti, en Punta Cires.

Estabas allí, detrás de esa malla metálica que separa el patio infantil de los mayores de bachillerato, cuando te reíste junto a tus amigas cuando dije “No cabo” al intentar atravesar la valla que nos separaba. Aún recuerdo la ira que me embargó en aquel momento.

Nos llevábamos nueve años, y un género de diferencia (los chicos con los chicos, ya sabes...) por lo que Iñaki y Javier tenían más presencia en mi vida que tú, que Arancha y o que Pili. Pero no puedo dejar de recordar aquellos días sin verte ahí, siempre presente, hasta que te fuiste a estudiar fuera.

Fuiste protagonista, y te has ido sin saberlo, de un momento del que siempre me sentí muy orgulloso. Fue en sexto, creo recordar, cuando hiciste las prácticas en el Ramón y Cajal. Mi madre me dijo: En clase Lala será tu maestra, no tu prima. Y allí estuve, comedido, sintiéndome grande al no demostrar a nadie que la joven profesora era mi prima.

Luego la vida nos alejó y nos volvió a acercar, como esas olas mansas que había en la playa cuando no corría el levante.

Tu trabajo, nuestro retorno, y nuestras vidas impusieron un abismo espacial, que nunca sentí que nos volviera desconocidos.

Las redes nos llevó a recuperar una cotidianeidad que no tuvimos ni siquiera durante aquellos años de la infancia y la primera juventud, falsa sin duda, pero que nos permitía saber que aquella infancia existió, que ese mundo seguía ahí, en La Haya, en bulevar de París, en San Francisco. En esos largos domingos, en aquellas pequeñas multitudes familiares.

A penas nos vimos tres de veces en los últimos años, despidiendo a nuestra querida Justita, aquellos días que pasaste en nuestro piso después del homenaje al abuelo Justo en el cementerio de Écija, y el penúltimo verano, cuando ya habías recorrido un largo campo de la enfermedad que finalmente te nos ha arrebatado.

Pero siempre sentí esa misma confianza, esa cercanía vital y emocional que nunca sabré si era real, pero que para mí valía todo el oro del mundo.

Ya no estás. Y sería egoísta por mi parte querer parecer que seré el que más te extrañe. Pero, créeme, contigo se va un trocito de mi paraíso infantil, el que siempre será nuestro verdadero reino.

Que la tierra te sea leve, querida prima.

 

sábado, 19 de abril de 2025

EL FIN DEL “SIGLO AMERICANO” - Capítulo 1: El brexit y los aranceles de Trump, la huida hacia adelante de las élites neoliberales

 

Los aranceles de Trump sigue la misma lógica que el brexit: la huida haca adelante de un neoliberalismo que muestra su fracaso en las sociedades que lo vieron nacer. Un post neoliberalismo que en el caso de Estados Unidos pone punto final al “siglo americano” que comenzó en 1945.

De todos los análisis que he leído en los últimos meses sobre la política arancelaria impulsada en su segundo mandato por parte del presidente de Estados Unidos de América, Donald Trump, ninguno establece una relación causal entre el brexit y la política comercial del mandatario estadounidenses.

En una reciente entrevista en eldiario.es, el politólogo francés Pascal Boniface declaraba certeramente que “Trump no es sólo un imbécilque se enfada, hay un proyecto político detrás”, es decir, que más allá de su histrionismo narcisista, el “trumpismo” configura un nuevo proyecto político que desborda al neoliberalismo de Milton Friedman.

Y es que desde principios del siglo XXI, incluso desde ámbitos neoliberales se ha tomado conciencia del fracaso del contrato social neoliberal que impulsaron Ronald Reagan y Margaret Thatcher, en Estados Unidos y Reino Unido, respectivamente, y que arrastraron al resto del mundo.

Cualquier contrato social es una promesa de más riqueza y bienestar, al que a veces se une los conceptos de justicia y libertad. Su incumplimiento supone el fracaso del mismo, e inevitablemente provoca la respuesta social que lleva a su derrota. Esto fue, en definitiva, lo que ocurrió en la Unión Soviética, cuando el contrato social soviético fue incapaz de ofrecer los niveles de bienestar que había prometido.

¿En qué se basaba el contrato social neoliberal? Fundamentalmente que la desregulación, las bajadas de impuestos, la reducción del Estado (a solo el ejército y el sistema judicial, defendía Friedman), la libertad de movimientos de capitales y la globalización provocaría un aumento de la productividad de la economía y la bajada de la inflación. Un círculo “virtuoso” que efectivamente aumentaría la riqueza de las élites para que a la postre, cual “lluvia fina”, terminara empatando de riqueza a toda la sociedad.

Tras los años 70 y 80, con altas tasas de inflación y destrucción de empleo por la crisis del petróleo, las propuestas neoliberales fueron parcial o totalmente aceptadas, no sólo por las fuerzas de derechas y conservadoras sino también por parte de las fuerzas de izquierda, socialistas e incluso comunistas, resumida por Deng Xiaoping, presidente en aquella época de la República Popular China, en la famosa frase “Gato negro, gato blanco, que más da si caza ratones”.

La primera parte del axioma se cumplió: la bajada de impuestos, el desmantelamiento de los Estados y la deslocalización industrial de la globalización contribuyó a una mayor riqueza de las élites. Pero para el conjunto social los efectos positivos fueron parciales y sólo al principio.

En Reino Unido, donde se inició la revolución “neoliberal”, la venta de las viviendas públicas a sus alquilados por los gobierno de Thatcher y Major, por ejemplo, generó un falso espejismo a cientos de miles de familias trabajadoras que pasaron a ser “propietarios”. O la venta de acciones de las empresa públicas a las clases medias y populares creó una supuesta nueva clase de accionistas obreros, que de alguna forma resonaba en sus mentes como la marxista toma de los medios de producción por parte de la clase obrera.

Pero la realidad es que la constante bajada de impuestos en el Reino Unido durante décadas significó la degradación de los servicios públicos hasta niveles insostenibles y las fracasadas privatizaciones como la de los ferrocarriles se han convertido en una trampa de precios altos y servicios ineficientes. Además, la deslocalización de las industrias y las políticas antisindicales, provocó una bajada salarial brutal y la desertificación de las otrora fundamentales zonas industriales del Reino Unido.

La respuesta natural habría sido un movimiento contrario: aumento de impuestos a los más ricos, más regulación estatal y mejorar la capacidad de negociación de los sindicatos, para provocar el aumento salarial.

Pero previsoramente, las fuerzas conservadoras “inventaron” un enemigo externo sobre el que cargar las culpas y fracasos de las políticas neoliberales: la Unión Europea. Desde ese momento, el problema no era la insuficiencia fiscal del Estado tras cuarenta años de bajadas de impuesto, el abuso de las élites tras la desaparición de las regulaciones que protegían a las clases trabajadoras, ni la depredación de los enormes capitales que cuales mangostas llegan, explotan y abandonan el territorio tras esquilmar todos los recursos. No, el problema era una Unión Europea que “robaba” al Reino Unido y unos inmigrantes que se aprovechaban del Estado de Bienestar británico. Y consiguieron que una parte importante de los antiguos votantes laboristas apoyaran el Brexit.

En Estados Unidos, la situación económica a partir de la crisis de 2008 era mucho peor que la del Reino Unido. La triada que lleva al desastre a la gran república, ha sido los crónicos déficit debido a la brutal bajada de impuestos a las grandes fortunas, el consiguiente aumento desmesurado de la deuda pública y un gasto en la maquinaria de guerra claramente desproporcionada para un mundo donde ya no había enemigos.

Datos escalofriantes de la situación de Estados Unidos es la tasa de mortalidad infantil, en el puesto 56 según el Banco Mundial (2023), con países por delante como Rumanía, Sri Lanka, Macedonia del Norte, República de Corea, o Bielorrusia, por ejemplo, cuando es el cuarto país del mundo por gasto sanitario por habitante (2022, Banco Mundial), y siendo los tres primero, por este orden, Afganistán, Tuvalu y Nauru.

En cuanto al gasto en defensa, Estados Unidos gastó en 2023 un total de 861.633 millones de dólares, un 7,18% más que el año anterior, representando el 3,34% de su PIB. Por contra, en infraestructuras, Estados Unidos gastó en 2019 el 2,5% de su PIB, frente al 4,2% que gastó en la década de 1930. En 2017 se publicó que “2.000 presas podrían romperse, 56.000 puentes al igual que dos de cada diez calles están en mal estado. Para cada hogar estadounidense los costes de los baches, las desviaciones, las obras y los costes por trenes que no funcionan, ascienden a 3.400 dólares anuales”. El plan bipartidista de infraestructuras de Biden de 2021, ha mejorado algo la situación pero aún se calcula que hacen falta “3,7 billones de dólares durante una década” según el informe de 2025 de la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles.

¿Cómo es posible que esta precariedad de las infraestructuras de Estados Unidos si de 1980 a 2023 se ha pasado de una deuda del 41,18% del PIB al 118,73%? Pues a que toda esa deuda, realmente inmanejable, se ha utilizado en compensar las rebajas de impuestos y el aumento de la maquinaria de guerra.

Además, las multinacionales y los grandes fondos de inversiones se han beneficiado durante décadas de la desregulación y la globalización, deslocalizando la industria a países con salarios más bajos, fundamentalmente México y Asia. Es decir, el déficit comercial estadounidense es provocado por la estrategia neoliberal de sus propias empresas para maximizar sus beneficios.

Es lógico que la sociedad norteamericana, como la del Reino Unido en la década pasada, esté claramente preocupada por su futuro. La solución pasa, naturalmente, por una mayor regulación pública, mayores ingresos fiscales para reducir el déficit, gastar mucho menos en la maquinaria de guerra y más en infraestructuras civiles, construir un sistema sanitario al estilo del de Canadá o el de los países de la Unión Europea, y mejorar la capacidad de negociación de los sindicatos para aumentar los salarios. Es decir, hacer una enmienda a la totalidad al proyecto neoliberal de Ronald Reagan y apostar por un proyecto socialdemócrata como el de Franklin D. Roosevelt.

Así lo reconoció Francis Fukuyama, quien afirmó en 2018 que “los neoliberales fueron demasiadolejos. Ahora hacen falta más políticas socialdemócratas”.

Pero eso sería reconocer las mentiras del pasado y obligar a las grandes multinacionales norteamericanas, a los grandes fondos de inversión y a las élites a devolver ingentes recursos esquilmados durante décadas. La respuesta del neoliberalismo estadounidense ha sido mutar para proteger la enorme riqueza conseguida de forma espuria.

Ahora el problema es el “globalismo” supuestamente “woke”, todo un acierto de la ingeniería neurolingüística para ocultar lo evidente: que la “globalización” neoliberal es uno de los responsable de la deslocalización industrial norteamericana y la desaparición del empleo industrial.

Al igual que en el Reino Unido se inventó un enemigo, la Unión Europea, para justificar el brexit, en Estados Unidos se han inventado que el mundo entero es el enemigo, con frases como “el mundo nos roba” y justificar así uno de sus instrumentos estrella: los aranceles.

Estos fuegos de artificio impiden reparar en lo principal: el proyecto presupuestario presentado al Congreso por Trump, que reduce los impuestos en aproximadamente 5 billones de dólares, y añadirá aproximadamente 5,7 billones de dólares a la deuda del Gobierno federal durante la próxima década.

Tras la reciente reunión con primera ministra italiana Giorgia Meloni, Trump declaró que “No tenemos prisa (…) los aranceles nos están haciendo ricos” añadiendo que “perdíamos mucho dinero con Biden (…) y ahora todo ha cambiado” añadiendo que Estados Unidos está “recibiendo billones y billones de dólares” como resultado de los aranceles comerciales globales impuestos a países como China y Canadá.

La realidad es que según datos del Departamento del Tesoro, se sugiere que los ingresos por aranceles son muy inferiores a los necesarios para compensar los efectos de la extensión de los recursos de impuestos.

Pero es que en el caso de que lo hicieran, significaría un nuevo expolio de la sociedad norteamericana, ya que los aranceles son impuestos que paga la sociedad no para mejorar la situación, extremadamente deteriorada, sino para aumentar los beneficios de las grandes multinacionales, los grandes fondos de inversión y las élites.

domingo, 13 de abril de 2025

De Málaga a Vélez de la mano de Antonio Ponz (siglo XVIII)

 

El besijero Antonio Ponz Piquer, sacerdote y pintor del siglo XVIII, formado artísticamente en Italia, publicó una serie de libros de viaje por España y Europa, en los que además de poner en valor nuestro país, denunciaba sus carencias y ofrecía propuestas para superarlas.

Posiblemente Antonio Ponz Piquer nunca imaginó que el encargo real de inventariar en Andalucía los bienes artísticos de los jesuitas expulsados por decisión de la corona, diera lugar a una de las obras más espléndidas de la Ilustración española, sus cartas de “Viages por España”, un total de 17 volúmenes, a los que hay que añadir el 18, finalizado por su sobrino, en el que habla de su paso por la Axarquía malagueña.

Al fabuloso inventario artístico (que lamentablemente sirvió a las tropas napoleónicas para el saqueo artístico de España), Ponz le unió detalladas descripciones sobre la agricultura, la industria, el paisaje y las infraestructuras, lo que convierte su obra en una referencia para comprender la España de la segunda mitad del siglo XVIII.

Por desgracia, la descripción de la Axarquía en su libro XVIII es muy parca, dando cuenta de ello el mismo abate:

Tenga V. entendido, que en todos los Pueblos de esta ruta hasta Granada, de donde escribo, he hecho poquísima detención ; sumamente enfadado de sus ruines posadas , é impaciente por dexarlas quanto antes. Por tanto no será mucho lo que me detenga en darle noticias agradables.

Y es que la posada de Vélez Málaga le resultó especialmente aborrecible:

La posada de Velez Málaga es de lo peor que yo he visto : cosa vergonzosa en una Ciudad de dos mil vecinos, como dicen que es esta , lo qual, como tantas veces hemos hablado, procede de la errada máxima , perjudicialísima á la humanidad , de que haya de ser deshonroso recibir de oficio al forastero

Sobre la descripción entre Málaga y Vélez, Ponz dejó escrito:

Las cinco leguas que cuentan desde dicha Ciudad á la de Velez-Málaga, llamada Menoba en otro tiempo , me parecieron demasiado largas, así por lo desamparada que está de Pueblos toda esta distancia , como por lo incómodo que también es el camino , y en algunas partes perverso. Lo mas de él es costa de mar, con algunas torres ó atalayas de trecho en trecho , y dos casas fortificadas para guardacostas. Se descubren dilatados viñedos en las lomas que se quedan á mano izquierda, y también se pasa por entre algunas frondosas huertas , particularmente en las cercanías de Málaga.

Como publiqué anteriormente, la costa del reino de Granada fue objeto de un despoblamiento forzoso durante la guerra de las Alpujarras, para asegurar que los piratas berberiscos y la armada turca no pudieran apresar a cristiano, ni que los cristianos “nuevos” (moriscos conversos) favorecieran la invasión. Sólo las dos casas fortificadas a las que hace referencia Ponz, el castillo de Bezmiliana (en el Rincón de la Victoria) y el castillo del Marqués, en Valle Niza, construidos pocos años antes, cambió la comarca favoreciendo un gran des3minado, como el de Benajarafe.

Como pie de nota a éste párrafo, su sobrino añadió:

Después que se escribió esta Carta se ha sabido , que se ha construido un nuevo y muy comodo camino desde Málaga hasta Velez-Málaga , cuya importante obra ha dirigido el Ingeniero Don Domingo Belestá.

Domingo Belestá y Pared fue un ingeniero militar español, fallecido en 1819 a la edad de setenta y siete años, que trabajó en proyectos como el canal de Campos, un ramal del canal de Castilla, el paseo de la Explanada de Barcelona, o la defensa de Cádiz, además del camino de Málaga a Vélez a finales de la década de los 80 del siglo XVIII. Posiblemente el puente existente junto a la torre del Jaral (entre Valle Niza y Almayate) sea parte del proyecto de Belestá.

martes, 7 de noviembre de 2023

El fin de una historia de 137 años.

 

Justo e Isabel, con sus hijos Justita, Carmenchu, Benito y Manolito, en Écija.

El 23 de agosto de 1886, nacía en Trijueque, una pequeña localidad de Guadalajara, Justo José Morterero Felipe, hijo de Benito Morterero de Agustín y Crisanta María Felipe Pajares, medianos propietarios de la comarca de la Alcarria. Con su natalicio se iniciaba lo que luego sería un feliz matrimonio y una prole numerosa.

Pocos años después, el 12 de junio de 1894, nacía en La Palma del Condado, provincia de Huelva, la niña Isabel del Pino Díaz, hija del entonces sargento de Carabineros (jubilado como segundo teniente) Manuel del Pino Ponce, y de María Díaz López.

Justo e Isabel se conocieron en Ceuta. Justo, después de estudiar magisterio en el Instituto de Guipúzcoa, se había trasladado a la ciudad de las siete colinas para trabajar con su hermano Jesús Morterero, propietario de la Joyería Morterero (que luego compraría Epifanio Hernández, transformándola en la Joyería “La Esmeralda”). Por su parte, Isabel se había trasladado a Ceuta a principios de la década de los años 20, junto con su padre y hermanas, una de ellas Rafaela, casada con Emilio Millán Rivero. La razón fue que Emilio, auxiliar de farmacia ugetista, fue uno de los líderes de la huelga general del comercio de Málaga de 1919, que tras fracasar fue vetado laboralmente en toda la zona, por lo que tuvieron que emigrar, eligiendo como destino la española ciudad norteafricana.

De aquel encuentro entre Justo e Isabel surgiría lo que sus hijos describían como una adoración entre ambos, un rápido matrimonio, en 1921, y el nacimiento de una nueva saga con María Crisanta (que todos conocían como Justa o Justita), Carmen (familiarmente conocida como Carmenchu), Benito, el pequeño Manolito (que tras el asesinato de su padre empezaría a ser llamado Justo) y Marisa, la pequeña que murió y fue enterrada en tierra santa de Rebollosa de Hita.

Pero esa historia, nacida en 1886, tendría un grave suceso, cuando Justo fue asesinado por orden del felón Queipo de Llano en agosto de 1936, a un día antes de cumplir los 50 años, en Écija, donde ejercía de maestro nacional afiliado a la FETE, por el terrible delito de ser un buen padre, un buen esposo y un buen maestro, como escribiría su viuda a su hermana Carmen, y que la censura militar franquista no se atrevió a tachar.

Isabel, Isabelita como le llamaba su marido Justo, fallecería el 1 de septiembre de 1952.

Pero esa historia aún le quedaban muchos frutos. Ya en Ceuta, Carmenchu conocería a Clemente Cerdeira García de la Torre, con quien tendrían seis hijos, Clemente, Maribel, Maricarmen, Justo, Alfonso y Marién. Benito se casaría con Pilar, matrimonio del que nacerían cinco hijos, Lala, Javier, Arancha, Pili e Iñaki. Y Justo se casaría con Carmelita, con quien tuvo siete hijos, Justo, Rafa, Maricarmen, Maribel, el pequeño Jesús que no llegaría a sobrevivir, Pablo y Dani. Justita, por el contrario, sería la tía a la que todos adorarían, y que tuvo tres hijos postizos en sus ahijados, Maribel Cerdeira, Javier Morterero y Pablo Morterero. Como ella decía, a quien Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos.

Luego, la vida fue cumpliendo su destino, y fueron falleciendo Benito, Justita y Carmenchu.

Este domingo 5 de noviembre de 2023 falleció el pequeño Manolito, a la edad de 96 años, en las soleadas tierra del lugar de Benajarafe, villa de Vélez-Málaga, obispado de Málaga y reino de Granada, cerrando esa preciosa historia de amor que nació 137 años antes.

Que la tierra te sea leve, papá.


viernes, 18 de agosto de 2023

Antonio Escuin Lois, el nombre y la cara del asesino

 

Antonio Escuin Lois, fuente www.todoslosnombres.org

Han pasado más de ocho décadas, pero la verdad no entiende de tiempo. Hoy sé el nombre de uno de los asesinos de mi abuelo, y quiero gritarlo: Antonio Escuin Lois.

El pasado 18 de julio se cumplió 87 años del alzamiento de una gran parte del ejército español (no todo él) contra el gobierno legítimo presidido por Santiago Casares Quiroga, que a la postre fue un levantamiento contra la II República.

A nivel personal, cada 18 de julio comienza una sucesión de emociones que termina el 23 de agosto, aniversario del asesinato de mi abuelo, Justo José Morterero Felipe, en Écija, por bando de Guerra.

Durante muchas décadas, no supimos nada de los asesinos de ese buen padre, buen esposo, buen maestro en palabras de viuda, mi abuela Isabel del Pino. En casa solo se comentaba que los que dispararon a mi abuelo habían sido alumnos suyos anteriormente, lo que sin duda añadía más horror a la historia.

Sabemos que cada asesinato en la Andalucía ocupada por las tropas rebeldes aplicando el tristemente famoso Bando de Guerra fue ordenado específicamente por el genocida Queipo de Llano. Como recoge José María García Márquez, solo consta un asesinato que no fue ordenado por el felón, y su autor, un falangista, fue duramente castigado. En la Sevilla de agosto del 36, nadie moría violentamente si no era por voluntad del abominable Gonzalo.

Pero construir la cadena de acontecimientos que llevaban al ex militar (fue expulsado del Ejército español ese mismo mes por el Tribunal Supremo) a ordenar cada asesinato, es complejo

Aunque poco a poco, y gracias a ese movimiento memorialístico que tanto horroriza a las derechas españolas, jerarquía católica incluida, vamos descubriendo algunos de esos procedimientos.

En el caso de los asesinatos de Écija, la localización de un expediente judicial gaditano ha permitido saber que existió una junta en la localidad, que proponía las personas que debían ser asesinadas.

El 23 de diciembre de 1939, el entonces comandante Antonio Escuin Lois, compareció ante un juzgado gaditano en relación al asesinato del maestro de la provincia de Córdoba Vicente Alvanez (sic) Pastor.

Escuin, capitán de la Guardia Civil en aquel terrible verano del 36, se hizo famoso en Écija y su comarca por su participación en la sangrienta represión ejercida por las fuerzas rebeldes tras el 18 de julio, como en los asesinatos de El Rubio, Marchena y Puente Genil. Y años después sería sancionado militarmente por un turbio delito de contrabando de tabaco en Sevilla.

En su declaración, Escuin manifestó en 1939

Que para llevar a cabo cualquier ejecución, de individuos peligrosos en los dias críticos que se atravesaba en la España Nacional, se acordaba su ejecución, en reunión de las Autoridades de Ecija, compuesta por el Comandante Militar de la Plaza, un Capitan del Depósito de Recria y Doma, el Policia Señor Angulo y el que declara, y con arreglo a la peligrosidad del individuo, cargos y denuncia que contra él habia, se acordaba o nó su ejecución.

añadiendo que

… igualmente no los recuerda [el nombre] los de los dos Maestros ejecutados y el de que fué expulsado como igualmente la Maestra…

En 1939 Escuín no recordaba el nombre de mi abuelo, al que dio orden de asesinar. Pero nosotros, en pleno siglo XXI, no podremos olvidar su nombre.


viernes, 4 de agosto de 2023

Un asesinato nunca es agua pasada

 

En la versión televisiva de “El templete de Nasse-House”, protagonizado por David Suchet en el papel de Hercules Poirot, conversando con la anciana dama, anterior titular de la hermosa propiedad de Devonshire, le reprocha:

  • ¿Tan terrible como lo que pasó aquí hace cinco semanas? ¿Tan terrible como matar a una niña que solo tenía catorce años?

La anciana le responde enfadada:

  • Déjelo ya. Es agua pasada. Se acabó.

Entonces el detective belga le responde lapidario:

  • No, madame. Un asesinato nunca es agua pasada.

Y es cierto: nunca lo es.

Se proyecta a su alrededor y su eco resuena durante años, décadas, siglos, mientras hayan personas que fueron víctimas directas o indirectas.

Por eso es tan repugnante clasificar la importancia de los asesinatos, y de sus víctimas, en función del tiempo transcurrido, o en función de nuestra cercanía ideológica con los muertos.

Una repugnancia que aumenta cuando no parte de un individuo aislado, cuando no es una opinión personal, sino que se inserta en un discurso ideológico y político, para priorizar unas víctimas sobre otras, en función de su utilidad política en el presente.

El asesinato de una persona en el año 36 de manos de un pelotón de fusilamiento ordenado por Queipo de Llano es tan insoportable como el asesinato de Miguel Ángel Blanco por parte de ETA, el asesinato de Ana Orantes en manos de su marido, o el asesinato de Marta del Castillo. Todos ellos merecen nuestra compasión, y comprensión al dolor de sus familias, dando igual que hayan pasado hace 100, 50, 10 años.

Cualquier asesinato (incluso los “legales” en aplicación de la pena de muerte en algunos Estados) es insoportable.

Freidrich Schiller, en su opúsculo “Sobre lo sublime”, nos advertía que

Nada es tan indigno del hombre, pues, como sufrir violencia: la actitud violenta lo aniquila. El que la ejerce nos disputa nada menos que la humanidad. El que la sufre cobardemente se despoja de su humanidad.

Y si hay algo que me indigna sobremanera es la manipulación de aquellos que establecen una jerarquía de víctimas buenas y malas, que se burlan de los hijos y nietos de aquellos asesinados y asesinadas que buscan justicia, mientras exigen violentamente compasión hacia sus muertos.

Son los degenerados de siempre, los que están acostumbrados a utilizar a los muertos en su beneficio económico, los que históricamente se han lucrado con los asesinatos y la violencia.

Asqueroso, desde luego.